Sexo ardiente del pecado
Nos
conocimos por casualidad y poco a poco nos fuimos conociendo por el ciber
espacio, muchas cosas teníamos en común y un día quedamos para conocernos,
escogimos un punto intermedio entre ambas ciudades, y ese sería el lugar de
nuestro encuentro fortuito.
Yo
vestía una falda ajustada al cuerpo, color beige, y una abertura hasta la mitad
de mis piernas, una blusa negra de tirantes con un escote muy amplio al frente.
Me
encontraba de espaldas cuando él llegó sorpresivamente, puso sus manos en mi
cintura y me dice al oído:
-
- Me
esperabas a mí?
Al
oír esa voz, mi cuerpo comenzó a
temblar, esa voz que noche tras noche me hacía vibrar al teléfono. Me volví, y
estaba ahí frente a mí, con un blue jeans y una camisa sport color lila claro,
que hacía brillar esa mirada, irradiaba un olor a perfume que fue un chispazo
en mi sentido olfativo.
-
- No
respondí, con una sonrisa tímida… pero al verte me quedo contigo!!
- Nos
reímos un poco y fuimos a tomar un café.
Mientras
hablábamos de los respectivos viajes, yo no perdía la ocasión para inclinarme
hacia adelante y dejar ver un poco más allá del escote. Él se perdía en ese
momento y yo coquetamente me reía.
De
pronto él se acercó un poco más a mí,
puso su mano sobre mi muslo y lo acariciaba mientras hablaba, poco a poco iba
subiendo y un escalofrío subía por mi espalda, yo me deshacía en un ardiente
deseo de besarle pero no lo hice. Me disculpé y fui al baño, para refrescarme
un poco el subidón que tenía.
Al
llegar ya había pagado, me tomó de la mano y dice:
- -
Vamos
a un sitio mejor….donde podamos estar solos y tranquilos.
Subimos
a su coche, era tal cual lo imaginé para un chico como él, al entrar el
agradable olor en su interior que despertaba más mis hormonas.
Fuimos
a un hotel, cuando subíamos ya en el ascensor,
me dice:
- - No
puedo esperar un segundo más sin hacer esto, y acto seguido me besó mientras su
manos se metían entre mi falda, estrujando mi trasero.
Su
lengua inundaba mi boca, yo estaba en éxtasis total con su cuerpo y el calor
que irradiaba. Al llegar a nuestro piso, sin dejar de besarme y acariciarme
bajamos del ascensor y nos dirigimos a la habitación, entramos y había una cama super grande,
donde pronto estuve acomodada mientras me seguía besando y acariciando, metía
su cabeza en mi escote y lamía mi pezones con tantas ansías que yo me dejaba
llevar dejándole hacerme todo lo que quisiera.
Estaba
loco por mi lencería negra, noté como su paquete entre las piernas crecía, con
cada prenda que me quitaba.
Me
pidió que me masturbara para él como tantas veces lo había imaginado, poco a
poco me fui tocando, me acaricié los pechos con mis pezones erectos, y bajé una
de mis manos para introducirme un par de dedos en mi vagina, abriéndome bien de
piernas para que no se perdiera ningún detalle. Fijamente me miraba y se tocaba
encima de su pantalón, me pidió que me acercara y que jugara con su pene, lo
sacó, media unos 16 cm, ancho y se veía delicioso y muy apetecible, le di unos
lengüetazos, pasé mi lengua por su punta y luego lo metí en mi boca, hasta el
fondo sin dejar nada por fuera, el se mordía los labios y decía:
- Así me gusta, sabía que me lo comerías así de
rico, no pares!!
Jugué
con sus bolas, las acaricié, lamí hasta cansarme, cada vez que parecía que se
iba a correr me detenía …. Y vuelta a empezar…
Me
metí su pene y cabalgué sobre él, estábamos disfrutando tanto todo eso que
quería prolongar el orgasmo lo más posible…. Después de un rato me alzó en sus
manos y me tiró a la cama, cogiéndome y
abriendo mis piernas y empujando su pene contra mi vagina, me hizo gritar de
placer, ahí estaba yo abierta de piernas para el delirio de sus pupilas. Cada
vez más profundo y rápido hasta que su leche corrió por mis muslos.
Nos
quedamos en la cama y descansamos un rato, para dar tiempo de reponer fuerzas y
tener otro rato de placer.

Comentarios
Publicar un comentario