El gimnasio me dió algo más

Luego por mi andadura con roces de muchos tipos, al final tenía que llegar el día en que decidí a tener relaciones sexuales, tenía veinticuatro años, lo recuerdo como ayer, mejor no pude escoger para que fuese mi primera vez, era un máquina de hacer sexo, de todo tipo.

Era mi instructor, piernas firmes, pectorales de muerte y que decir de sus abdominales ... uff!!! para perderse una y otra vez.

Yo llegué muy modosita, iba hacer ejercicio y nada más, pero a medida íbamos entrando en confianza, mi vena coqueta salió al paso, él no era mucho de rogar tampoco, entraba al juego muy rápido.

Un día, al finalizar la clase, pusimos música, yo era la única chica, me movía y todos babeaban mirando mis caderas, no me importaban los otros, yo me acerqué al instructor y a una distancia muy ínfima subía y bajaba.

Él se mordía los labios, viéndome.

Los otros dijeron, como vemos que sobramos, hasta la otra clase y se marcharon.

Terminó la canción, él no decía nada, solo me miraba.

Me senté en el escritorio, cruzando mis piernas.

- Que rico te mueves ... eres así para todo

- No lo sé, si para todo, hay cosas que aún no he hecho

- Me apunto

- Déjame que lo piense y te aviso, me marcho es tarde

Me levanté, cogí mis cosas y me dirigí a la puerta.

- Por que no me has besado

- Por que no lo haces tú 

Se acercó hasta mí y me dio un beso, te veo en la próxima clase.

Pasaban las semanas y tras la clase, siempre un poco de coquetería y poco más, no nos dejaban solos.

Una tarde, tras irse todos, se dio la oportunidad.

- Ven, dije, cogiéndole de la mano, hoy es el día

Se dejó llevar, nos tumbamos en el suelo, besó mi cuello, mientras sus manos se deslizaban de arriba abajo y su pelvis se apretaba a la mía.

- Déjate llevar para disfrutar

- Me tienes en tus manos y en tu boca

Su lengua comenzó a descender desde mi cuello, despacio fue bajando, al ombligo, mi vientre y más allá, ahí se entretuvo mucho rato.

Mi pelvis se contraía y mi respiración comenzaba acelerarse.

Sus manos de dejaban de pellizcar mis pezones duros y entregados al placer que me estaba dando.

Se incorporó y puso su firme pene en mi boca, humedécelo me dijo.

Sin titubear los cogí entre mis manos, mientras mi lengua jugaba con su punta, dejó escapar un gemido.

- Para ser la primera vez, lo haces muy bien

Eso me motivó más y lo metí en mi boca, hasta el fondo, él con pequeños movimientos lo metía y sacaba.

Notaba como se excitaba cada vez más, por lo que aumentaba en tamaño y grosor.

Lo sacó, me cogió por las caderas, tumbándome de nuevo, levantó mis nalgas para volver a comer mi clítoris y labios, esta vez lo hacía con más ansías que antes.

Poco a poco fue encajando su pene en mi vagina, que al principio ofrecía resistencia, al ver mi cara de dolor, se detuvo y metió un dedo, estimulando mi clítoris, al ver que me humedecía cada vez más, iba introduciendo un dedo tras otro, hasta que metió cuatro.

- Ya estás lista, para aguantar

- Haz de mí lo que quieras

- Tus deseos son órdenes, dijo mientras metía sin piedad su pene en mi lubricada vagina.

Ya no se detuvo, mis gestos de dolor poco a poco se fueron convirtiendo en gemidos de placer, mi espalda se arqueaba con cada embiste y mis piernas se abrían.

Volvió a sacarla, para ponerme a cuatro patas y penetrarme desde atrás, mientras sus manos sujetaban mis pechos.

- Que rica estás, tan apretadita la siento dentro

- Dame más, no te pares

- Volvió a girarme, me levantó las piernas y otra vez a empujar con todas sus fuerzas, notaba como chocaban en mis nalgas sus bolas, eso me excitaba mucho más.

De pronto una sentí una mayor presión, que me hizo soltar un gemido, mientras él se corría dentro de mí.

Tras unos minutos, mis muslos estaban empapados de su leche, él acariciaba mis pechos.

- Tenemos que repetirlo, para que disfrutes más.

- Sin duda, ahora que me has abierto otro mundo de placer, seguro que repetimos.

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