Reencuentro



Este día desde el principio marcaba muy bueno, me había levantado contenta y con ganas de salir a dar un paseo, me puse la ropa acorde a mi estado de ánimo. Una minifalda, una blusa negra de tirantes que hacía ver mi pecho un poco más grande de lo que realmente es, y unos zapatos con poco tacón, pero hacían que mis caderas se bambolearan a cada paso que daba.

Caminé por un par de centros comerciales, viendo los escaparates sin interesarme nada en especial. Se hacía tarde y parecía que llovería y me dispuse volver a casa, cuando  giré para bajar las escaleras me tropecé con un chico que tenía pensado dirigirle una mala mirada pero al levantar mi cabeza encontré a un viejo amor de mis años universitarios, yo muy sorprendida, le sonreí y le hice un guiño, me dio un beso en la mejilla y puso su mano en mi cintura, me dijo lo guapa que me veía y que no había cambiado nada en este tiempo, yo respondí que él tampoco, que seguía igual de deseable como antaño. Nos despedimos, pues tenía que ir a recoger algo y reunirse con alguien, pero quedamos de ponernos en contacto e intercambiamos nuestros números.

Yo iba alucinando con lo guapo que seguía, mientras iba caminando hacía casa, ya faltaba poco, solamente atravesar el parque que quedaba frente a los apartamentos y cruzar el portal. Antes tenía que bajar unas cuantos escalones que quedan a la entrada del parque; ya estaba en ellos cuando veo aparecer otros de mis amores, nos detuvimos de frente y al darle un beso puse una mano en su cintura y la otra detrás de su cuello, mis labios rozaron los suyos, y vi como una erección emergía en sus pantalones. Le pregunté que hacía por ahí y me contestó que venía de dar una clase, me hizo la misma pregunta y yo respondí que vivía por ahí, señalando con mi mano la terraza que sobresalía de mi apartamento.

Le dije que hacía tiempo que no sabía nada de él y que si no tenía nada que hacer podíamos dar un paseo por el parque, le tomé de la mano para obtener un si como respuesta… bajamos juntos, y de pronto un nubarrón cubrió el cielo y casi ipso facto cayó una lluvia intensa, todo el mundo corrió para protegerse pero nosotros, no nos inmutamos. 

Estaba ya oscureciendo y  las pocas farolas del parque alumbraban escasamente nuestro camino, nos pusimos justo entre dos maceteros grandes, pero no con el propósito de protegernos de la lluvia sino más bien de las miradas indiscretas. 

Puso mi espalda contra el muro y me comenzó a besar, diciéndome que siempre recuerda nuestros encuentros  sexuales y que guardo un lugar en su corazón a pesar de nuestros distintos destinos. Acariciaba mi cuerpo, mis pechos, mis muslos, de pronto me elevó y puso a cada lado de los maceteros unas de mis piernas, mientras  su boca buscaba entre mi lencería húmeda, me tocó mi sexo como hace años lo hizo, provocando las mismas contracciones, sus manos estrujaban mis pechos, las gotas de lluvia recorrían nuestros cuerpos, y el hecho de que nosotros podíamos ver a la gente pero ellas  a nosotros no, aumentaba nuestro éxtasis, por fin se sacó su pene y me lo metí de un golpe, diciendo, hubiese preferido que lo comieras como antes pero quiero penetrarte con tantas ansías que eso lo dejaremos para otro día. 

Estuvo metiendo y sacando por un tiempo, comiendo y lamiendo mis pezones más erectos que nunca. Luego arqueó su cuerpo y nuestros gemidos se unieron en el delirio del placer que había culminado. Justo cuando el cielo empezaba aclarar y la gente comenzaba a salir discretamente a la calle.

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