Alfonso y sus amigos

Con Alfonso, los encuentros eran esporádicos, él tenía su vida y yo la mía, seguía llevando a sus ligues y me enteraba de ello.

Un fin de semana, tras estar de fiesta con amigos, llegué a casa pasada las dos de la mañana, iba por la cocina cuando oí los gemidos que venían del piso de arriba.

Mi noche no había ido como hubiese querido, pues los chicos eran "muy aburridos", así que decidí subir a ver con quién estaba Alfonso.

Era una nueva, morena con un cuerpo exuberante, la tenía abierta de piernas y ella gemía con cada embiste, pensé en retirarme pero al verlo como la tenía, comencé a tocarme, me desnudé y poco a poco me acerqué a la cama.

Él no daba crédito viéndome de pie y desnuda junto a la cama, me subí y comencé a lamer los pechos de la chica que abrió los ojos y aunque se sorprendió no dijo nada, mi mano en su pubis creo que terminó de convencerla.

La besé y mis manos jugueteaban con sus pechos, Alfonso se puso a cien al vernos, hicimos un 69 con ella y mientras el pene de Alfonso entraba y salía mi lengua se deslizaba por ese grueso falo, que tanto gusto me había dado.

Cambiamos yo encima de ella, dejando mi trasero al alcance de él, que nos penetraba alternativamente.

Estábamos gozando tanto, que cambiábamos de una postura a otra, a él se la chupaba ella, él a mí y yo a ella. Después nos alternamos chupándosela entre ambas.

Cuando estaba a punto de venirse, nos tumbó y nos descargo todo entre nuestros pechos, nosotras nos acariciábamos y terminamos dormidos entrelazados los tres.

Pasaron los días y nos encontramos a la entrada de casa, diciéndome:

- Esta noche te tengo una sorpresa. 

Todo el día pasé pensando en ello y cuando regresé me metí a mi habitación, a eso de las 9 tocaron a mi puerta , era él.

Me beso, deslizó sus manos a mi trasero diciendo

- Sigueme

Me cogió de la mano, y fuimos al salón, estaba un amigo suyo, nos presentamos.

- Como la vez pasada te portaste maravillosamente bien, ahora te toca a ti que lo pases igual que yo.

Su amigo estaba de pie detrás mío, Alfonso frente a mí.

Sentí las manos que venían desde atrás acariciando mis pechos, mientras Alfonso me comía la boca y sus manos agarraban mis nalgas.

Sus penes duros, intentado salirse del pantalón, se restregaban por delante y detrás.

Estaba extasiada, dejándome hacer, poco a poco, mi escasa ropa cayó al suelo.

Uno se sentó en el sofá, tomó mi mano y me atrajo hacia él, metí su pene  y él lamía y mordía mis pechos, mientras él otro seguía frotándose en mi espalda, humedeció mi parte trasera y también me penetró.

Dejé escapar un gemido, pero no se detenían, me tenían entre ellos, el del amigo era más estrecho pero mucho más largo, lo notaba rebotar en mis paredes anales.

Se cambiaron los orificios y seguimos en ello, me tumbaron en el suelo y mientras uno me comía mi sexo húmedo el otro se encargó de ahogar mis gemidos con su pene.

Me revolvía como un animal queriendo mas  y mas, lo notaron , se excitaron mucho más , dándome pequeños azotes y pellizcando mis pezones.

Uno terminó en mi boca y el otro sobre mi abdomen, pero yo quería mas, así que tras un rato comencé acariciarme sola y sus ojos se volvían mas lujuriosos, ambos sentados en el sofá, me puse de rodillas, les masturbaba y metía alternativamente sus bolas en mi boca.

Cuando sus penes  comenzaron a crecer de nuevo, me puse a cuatro patas y ellos gozaban con mi trasero que lo mordían , mientras él otro me penetraba.

Nos tumbamos los tres, uno por delante y otro por detrás,  embistiendo con el mismo ritmo, mientras sus manos y boca recorrían todo mi cuerpo.

Terminamos juntos con un gemido y así nos quedamos dormidos hasta la mañana siguiente.

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