La rubia de la oficina



Éramos unas 5 secretarias las que trabajábamos en el área de informática, y pocos hombres….  y para nuestra desdicha, tampoco eran muy agraciados.


En especial Xenia era la que se llevaba las múltiples miradas, por nuestros compañeros, jefes y demás personal del edificio, era la típica rubia,  muy proporcionada, tenía un trasero respingado y sus minifaldas y tangas, dejaban babeando a todos, su pecho no se quedaba atrás, eran dos exuberantes volcanes, firmes que con sus escotes dejaba poco a la imaginación, todo eso en una anatomía casi perfecta como si el mismo Miguel Ángel la hubiese creado.


El resto siempre la molestábamos por que levantaba pasiones allá por donde su escultural cuerpo hacía presencia.


Un viernes de tantos, decidí hacer una reunión de chicas en casa, aprovechando que yo era la única que vivía sola; quedamos para eso de las 9 pm, comer algo, pero sobre todo beber y bailar. 

Cuando se acercaba la hora, fueron llegando una a una. Sara fue la primera en llegar con galletitas y una botella de vino, siempre formal en el vestir pero a la vez sensual, un vestido negro de tirantes, medias y zapatos con poco tacón, luego la alocada Tania, con sus pantalones ajustados, que marcaban su prominente trasero decía que “era su mejor partido”, una blusa corta entrelazada en la espalda blanca, zapatos de tacón bajo, ella decidió llevar 2 botellas. 

Casi al mismo tiempo llegaba Astrid, su falda negra ajustada hasta media pierna y una blusa que dejaba al descubierto su espalda también negra a juego con unas sandalias sin tacón, llevaba un pastel casero y una botella de sidra. 

Para no romper la costumbre la última en llegar fue Xenia, siempre la más sexy de todas nosotras, con una blusa con un pronunciado escote que dejaba claro la ausencia de sujetador, espalda al descubierto y una minifalda, que llegaba justo donde el muslo pierde su nombre, un traje rojo a juego con sus enormes plataformas. Había preparado una  ensalada.


Como siempre fue el blanco de todas nuestras bromas sexistas. Entre risas y bromas fuimos comiendo, pusimos una peli, pero entre las charlas no le hacíamos mucho caso, las botellas una  a una se fueron abriendo y acabando, puse la música un poco más alta para bailar, ya estábamos bastante entonaditas con tanto licor;  pasamos  a las típicas confesiones de hombres y el sexo, yo, mientras bailaba iba oyendo cada una de sus confesiones…


Tania comentó que en la oficina que trabajaba antes, tenía un jefe muy guapo, su escritorio estaba frente al de él, una tarde de horas extras, ella estaba muy caliente pensando en lo que quería hacer con él, y no se dio cuenta que poco a poco iba imaginándose alguna escena iba abriendo sus piernas dejando al descubierto su lencería, cuando reaccionó vio a su jefe mirándola fijamente, la llamó y terminaron haciendo el amor encima de su escritorio.


Entre risas  y celebraciones brindamos a la salud de ese encuentro sexual.


Astrid fue la siguiente, comentó que en una ocasión yendo en el tren una tarde, vio a un chico que le llamó la atención, se puso cerca de él, mientras rozaba con su mano el trasero, el chico al principio un poco cortado, no sabía que hacer, pero que en un movimiento del tren, él extendió su mano y le tocó sus pechos, y le susurró que la próxima vez mejor le tocara adelante, se quedó perpleja pues no pensó que hiciera nada.


Le dijimos que no fuera ilusa que al final los hombres si tu das un paso ellos lo continúan y a veces mucho más rápido de lo que te imaginas, otro brindis por su ingenuidad…. 

Xenia y yo estábamos evitando pasar por alguna confesión, y no pensábamos que Sara tuviera alguna, pero cual fue nuestra sorpresa, cuando comenzó diciendo…. 

- Yo perdí  mi virginidad  a los 16 con el mejor amigo de mi hermano, nosotras nos mirábamos y no dábamos crédito a lo que decía, pues el concepto de su formalidad rompía ese esquema, continuo diciendo que, en una fiesta de cumpleaños un poco  aburrida de su prima, decidió subir a la habitación de su primo a ver la tele, y cuando entró vio a Marc, el amigo de su hermano, que siempre le había gustado, se sentaron hablaron un poco y de pronto a ella se le cayó una pulsera y al agacharse a recogerla vio debajo de la cama una revista porno, se pusieron a hojearla, y ella le dijo que como le gustaban las mujeres, Marc le respondió "me basta la que tengo aquí” comenzó a besarla y tocarle los pechos, ella sin poner resistencia se dejó llevar y terminaron haciendo el amor en la cama de su primo….


Al terminar el relato, ninguna nos lo creíamos y ella dijo y ustedes creen que soy mojigata o qué?? Se echó una risa y dijo  “un brindis por ese polvo”.


Yo entre tragos, confesiones y baile, iba pasando la noche, ya pensando que solo  faltábamos 2 para decir algo, pero como ya era bastante tarde y el esposo de Sara iba por ella y de paso llevaría al resto nos libraríamos, pero Xenia quería seguir la fiesta y preguntó si podía quedarse, yo le dije que sin problemas que todas eran bienvenidas de pasar la noche, al final solo Astrid y Tania se fueron y al despedirse nos dijeron "quedan pendientes para la próxima".


Ya solo quedaba una botella de las que yo tenía en casa, Xenia y yo seguíamos bailando y tomando, de pronto me senté en el sillón y le digo, bueno ahora que estamos solas tu tendrás muchas cosas que confesar, así que dilo que queda entre las dos, se reía y seguía moviendo su cuerpo de una manera que dejaba al descubierto su tanga, me dijo, lo típico de tanto hombre que quiere rozarse conmigo en el bus, tren, tocarme, meterme mano, etc. Y no se por que, como no sabes repliqué yo, con ese cuerpo que tienes y lo sugestiva que te vistes a hombres y lesbianas tienes babeando por todos sitios.


- Me tomó de la mano y me hizo seguir bailando, a ver si me sigues el ritmo,  me dijo 

- le respondí no me conoces que el baile es mi pasión, comenzamos a movernos, un poco de salsa, balada, pop y reggaetón.


Puso sus manos en mis caderas y subíamos y bajábamos al ritmo de la música, y entre unos movimientos y otros, uno de sus pechos se salió, y me dio en la cara, vaya mira lo que me llevo por bailar contigo le dije y me senté de nuevo en el sillón, y la veía bailar con su teta por fuera, se sentó en mis rodillas y me dijo: 

- Sabes que esta música sube la temperatura de mi cuerpo, tócame!

- Estás borracha respondí…. 

- Tócame te prometo que lo pasarás bien

Se sacó su blusa, dejando sus tetas al aire, cogió mis manos y las puso sobre ellas, se sentían tan firmes y esos pezones tan duros, se abalanzó y comenzó a besarme, yo llevaba un vestido de tirantes, corto, metió su mano  bajo el vestido, y me quitó mi tanga, metió su lengua en mi vagina, mientras tocaba mis pechos, me hizo subir al cielo. 

Luego se puso de pie y terminó de sacarse su ropa despacio, como haciendo un striptease para mi, se subió al sillón y me puso su pubis en mi boca para que se lo comiera, me pedía que lo tocara todo, que la mordiera y estrujara, pasaba sus pechos por todo mi cuerpo, de pronto a horcajadas sobre mí, nuestros sexos se rozaban, era un placer inmenso el que estábamos teniendo, sus pechos en mi boca, sus manos en los míos, luego un 69 chupándonos mutuamente hasta quedar exhaustas, me decía te gusta lo que te hago, eres la primera mujer con la que disfruto tanto, me lo has comido tan rico, que me lo volverás a comer muchas veces y tendrás estos pechos para tu deleite siempre que los quieras, yo seguía tocándola y metiendo mis dedos en su vagina mientras la miraba revolverse en el suelo por el placer que tenía, quedé tumbada con un pecho en mi boca y nos venció el sueño, luego de muchos orgasmos.

Por la mañana, al despertarnos entre la reseca y el asombro de ambas seguimos tumbadas haciendo del sexo lésbico una parte más en nuestras vidas.


Salimos el sábado por la noche a una discoteca, ella como siempre sexy apetecible ante los ojos de todos los hombres, uno se le acercó y le dijo algo al oído, ella me besó y tocaba mis pechos, el chico se dio la vuelta y dijo: con un no hubiese bastado. 

Estaba tan caliente, que me pidió que fuéramos al baño y se lo comiera ahí, y si se unía alguna otra sería genial… nos dirigimos hacia el baño de chicas y comenzamos a besarnos yo a sobar esa preciosas tetas grandes y firmes que tenía, mientras mi dedo índice se abría camino entre su pubis depilado y estaba húmedo solo con tocarlo, hubo un instante que la puerta se entreabrió y un chico pasaba por ahí y se quedó petrificado viendo la escena y con ganas de unirse al juego. 

Pasados unos minutos entro una chica y me encontró con los pechos de Xenia entre mis manos y besándolos, salió casi de inmediato…. Esa noche no hubo suerte ninguna se unió a nosotras.

El lunes en la oficina, cada vez que podía se rozaba conmigo o dejaba ver su pubis depilado, se acercó a sacar   algo del último cajón y se agachó me puso todo su trasero casi en mi cara, yo disimuladamente le metí un dedo, dio un salto y me dijo esta noche habrá un juguetito más en la cama.

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