Ciber amigo



Luego de tanto me decidí por fin y fui en su búsqueda, hacía mucho tiempo que lo venía posponiendo por miedo o que se yo, pero faltas de deseo eso nunca….


Lo planeé todo, hasta los últimos detalles, bueno algunos por supuesto no!!! Esos saldrían según se fuera dando la ocasión.


Al llegar  a la ciudad me instalé en un hotel bastante céntrico, que todo fuese bastante accesible, para nuestro encuentro ya que no ni tenía ni idea donde vivía, trabajaba o pasaba. Dejé la maleta sobre la cama, le llamé y le dije:


-  Hola guapo! Anota esta fecha y hora, en esta dirección te espero si estás disponible para mí. Y colgué.


Me había traído un vestido negro ajustado al cuerpo, un par de dedos encima de la rodilla, con los botones en el frente y espalda descubierta, zapatos de tacón muy sexys, medias con liguero a juego y todos mis encantos. 


Una hora antes de la cita, comencé a prepararme tranquilamente. Él todo un caballero llegó puntual, a las 10 pm tocaban en mi habitación, abrí la puerta sin prisas y al verme frente a él, mi corazón latía mucho y logró hasta sonrojarme de la emoción.


Le sonreí, le invité a pasar y nos saludamos con un beso, mientras con su mano izquierda rodeaba mi cintura.


Cogí mi bolso y nos fuimos, le tomé de su brazo y caminamos mientras le interrogaba donde iríamos, me dijo que quería sorprenderme, hablamos de muchas cosas mientras llegábamos al sitio, que no estaba muy lejos del hotel.


Mientras cenábamos, nuestras miradas eran cómplices en el verdadero significado de esa  noche, yo sutilmente le provocaba y el correspondía mojando sus labios con su lengua.


Bailamos, yo le rozaba con mi dedo su espalda mientras hablábamos, como queriendo dejar lo importante para cuando estuviéramos solos.


Tomamos unas copas y salimos del local rumbo a mi hotel, cogida de su brazo, le invité a subir para tomar una última copa.


Al abrir la puerta y yo quedar de espaldas, rodeó con sus brazos mi cintura, mientras me susurraba al oído:


-   No veía el momento de estar así contigo…


Me besó en el cuello y poco a poco sus manos iban acariciando mi espalda. Me giró y sus labios se unieron a los míos, de una manera fulminante y eterna, mil sensaciones recorrían mi estremecido cuerpo, perdido entre el deseo y desenfreno con ese adonis junto a mí.


Me cargó en brazos hasta la cama y despacio, tiernamente y con un deseo salvaje, fue desabrochando mi vestido hasta tenerme en ropa interior frente a sus pupilas, se dedicó a recorrerme de arriba abajo con sus manos y boca, yo cerraba mis ojos y me dejaba llevar por el placer que me proporcionaba su calor y caricias.


Después de una sesión de besos y caricias, me terminó de desnudar, metió mis pechos en su boca, los lamia y mordía como un niño queriendo ser amamantado, fue bajando hasta el punto original del deseo, ese monte depilado que hace tiempo quería tener en su boca, con su lengua jugaba, mientras mis contracciones no se hacían esperar.


Me penetró salvajemente una y otra vez, bombeando dentro de mi toda su pasión, me puso boca abajo mientras me la metía por detrás y acariciaba mi trasero redondeado y al alcance de sus palmaditas y mordiscos.


Luego de un rato puso su pene en mi boca para que se lo comiera como siempre lo imaginó, lo tragué todo, jugueteé con sus bolas y una a una me las metía en mi boca como si las quisiera tragar, hizo un quejido  señal que ya casi lo hacía correrse, saqué el pene de mi boca y lo puse entre mis pechos turgentes, erectos  como volcanes a punto de estallar.


Poco después fluyó como un manantial esa leche caliente que recorría el canalito entre mis pechos. Y daba la pauta para comenzar de nuevo.

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