Por fin eres mío

Esta mañana me había levantado con más optimismo que de costumbre, vería esos ojos que me enloquecen, sin saberlo.

Estábamos los dos solos, sentados a la mesa, con dos cafés humeantes.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Que serio te has puesto ... dime

-  ¿Por qué sigues viniendo?

- Esa es una pregunta capciosa

- Anda responde

- Lo haré, pero si me prometes que tras mi respuesta, me dirás primero por que la hiciste y segundo que piensas tú

- Me parece razonable

- Digamos que hay dos motivos, venía por interés para ver si podía trabajar aquí y segundo por verte, me gustas desde hace mucho, pero sería incapaz de hacer algo si tu no quieres. Te toca

-  Pues luego de darle vueltas quería saberlo, e imagino que en el fondo quería que fuera por mi

- Ahora ya tienes la certeza, sabes que es venir e imaginar cosas que no pasan, tener sueños donde pasa todo, compartir contigo, aunque no supieras nada, es un subidón, para mí.

- No quieres que pasa nada?

- Depende de ti

- Ven esta tarde y hablemos, debo irme

Nos despedimos como nada, las horas se hicieron lentas hasta que tomé camino de regreso.

- Sube, no me llamarán hasta dentro de dos horas

- Bien

Entramos a una sala, donde estaríamos solos.

Yo por costumbre me senté sobre la mesa, mientras él se acercaba.

- Frente a mi, no he dejado de pensar en lo que dijiste

-Igual que yo, que has decidido

Casi no termino la frase, pues puso sus manos en mi cintura, me besó.

Mi cuerpo comenzó a temblar, se erizaba mi piel y ya nada parecía importar.

Sus manos acariciaban mi espalda, que se arqueaba con cada contacto, sus labios no dejaban de recorrer mi cuello.

Cuando no hubo ni un centímetro sin recorrerlo, su lengua comenzó a descender entre mis pechos que luchaban por salir del corsé del miedo que los detenían, sus manos hicieron el resto.

Se extendían por mis piernas que abiertas le permitían el camino, cada beso o toque de su lengua, hacía que mi respiración se acelerara y mi cuerpo comenzara a contrarse con su tacto y notando lo que entre sus pantalones quería salir.

Sus dedos por fin tocaron mi sexo que húmedo lo esperaba hace mucho, entraban y salían, primero uno y así hasta que cuatro se alojaban en mí.

Veía sus ojos cerrados, como queriendo guardar las emociones en un lugar donde no perderlas, metí mi mano en su pantalón, acariciando su pene, que luchaba por salir, caliente y erecto entre mis manos, bajé su cremallera y le indiqué el camino hacia esa vagina que le esperaba con muchas ansías.

Comenzó a embestirme, mientras yo estaba tumbada sobre las mesa y mis pechos al aire se bamboleaban con cada uno.

Cogió mis piernas, levantando un poco mi trasero, noté como se introducía más, yo le pedía entre gemidos que no parase, que me diera todo lo que quería.

Sus manos se extendieron a mis pechos y mientras los pellizcaba, noté como dentro se liberaban todas sus pasiones.

Se tumbó sobre mis pechos cogiendo aliento.

- Había soñado con este momento hace mucho, ha sido genial.

Mis muslos comenzaban a mojarse.

- Yo también y realmente no me has decepcionado.

Nos arreglamos un poco, fui al baño a limpiarme y al salir, volvió a besarme y susurrar en mi oído que habría que repetir.

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