Compenetrados
Y los cuerpos se encontraron, labios que se fundieron en besos que lascivos estimulaban los sentidos.
Manos que se perdían, donde cambia el nombre de los muslos, para hacer manar ese néctar que es el preámbulo de todo lo que se avecina.
Comienzan a caer las vestiduras, poco a poco dejando al descubierto lo que se convierte en el deseo salvaje de poder poseer con uñas y dientes.
Esos dos cimas donde perderse en sus puntos de atracción, que hacen que los gemidos no se hagan esperar, endurecidos y dispuestos a ser sorbidos, además de ser cogidos entre dientes lo exactamente justo para provocar más placer.
Baja despacio ese órgano que sutilmente dibuja, deteniéndose justo donde comienza a perderse la razón, cuando se interna, con movimientos rítmicos, sin dejar de saborear lo que produce, perimitiendo que ante sus ojos, sin miedos deja paso abriéndose de par en par, exponiendo todo lo que puede conseguir.
Juguetea asíduamente, mientras en su cabeza prepara, su próximo moviemiento. Dar la vuelta para perderse en esas redondeces que respingonas se frotan contra él, palparlas, azotarlas, haciendo arquear la espalda.
Se alejó para disfrutar de las vistas desde otra perspectiva, pero era imposible estar lejos mucho tiempo, algo en su entrepierna le recordaba que él también quería jugar a perderse en el pecado de un sexo que húmedo esperaba pacientemente.
Su cabeza enloqueció y con impulsos irrefrenables, embistió con toda su fuerza, robándole gritos y gemidos, todo era fácil, estaba tan dispuesta, que no costó nada entra y empujar salvajemente, mientras bamboleaban sus pechos.
La giró, para ver su expresión, que se perdía entre gritos, ¡no pares! era lo único que podía pedir, se encontraba en trance, al notarse llena, repleta, deseada y estimulada.
Como una explosión, llegó el instante, donde todo la cubrió, ronronenando se sentía sucia y complacida, mientras jugaba con su sexo y metía uno de sus dedos manchado en su boca.
Él perdido en su mirada, disfrutaba con la estampa.
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