Volver a sentirte, dentro de mi

Necesitaba sentirlo de nuevo entre sus muslos, que le hiciera perder la razón entre gemidos y  lujuria desatada, llevaba mucho sin verlo, así que planeó un encuentro, esperando que le resultara tan excitante como a ella.

Preparó un vestido negro ajustado y por encima de sus rodillas, un hombro al descubierto, poco carmín y se fue en busca de él, rezaba para que los astros se alinearan y todo saliera como lo había planificado.

Tuvo que esperar unos minutos en la cafetería, pero al verlo , fue  a su encuentro.

Sorprendido, dijo:

- ¿Habíamos quedado?

- No, pero quería secuestrarte esta noche para mí, si no te importa (poniendo ojitos, para evitar su negativa).

- Pues ... como decirte que no... si me lo pides así.

Le dio un beso y cogiéndose del brazo, caminaron contándose sus días.

Pronto  llegaron a casa, sus manos dibujaban su figura, sus labios se comían, susurrándose lo mucho que se extrañaban.

No hubo tiempo ni de vino ni cena, sus cuerpos atraídos directamente a la habitación, se desnudaron con las prisas del deseo y con la ternura de  sus sueños.

Él tumbado sobre la cama, la atraía, se dejó llevar y cuando la respiración se volvía más agitada, se detuvo y saltó de la cama.

- ¿Dónde vas?

- Espera, ya lo verás.

Se dirigió al baño y entre la tenue luz, salió, vestida con un traje de cuero, esposas y látigo, diciendo:

- Hubiese querido comprarlo contigo, pero, me dejé guiar por el dependiente.

La miraba con tanto deseo, que nuevamente su reparación se agitó, sin necesidad que la tocase.

Le puso las esposas, mientras le comía los labios, luego despacio fue quitando su traje, pieza a pieza, hasta tenerla tendida en la cama, al descubierto, en el rostro de ella sonrojada por la exitación de ver esa mirada que la volvía loca, esos labios que la acompañaban durante todo el día, su dulce roce en su piel.

La puso boca abajo, dando pequeños azotes con el látigo, haciendo que se contrayera su espalda, soltando gemidos que le hacían mojar su sexo cada vez más.

A su merced, se dejaba hacer, sentir su roce, su tacto, esos golpes que le estimulaban, él la dibujaba con su lengua, incrementando su deseo, ella se revolvía queriendo atraparlo en su cuerpo, éxtasis desatado,  de pronto notó como algo entraba con fuerza, haciéndola removerse con salvaje sensación, notaba sus embestidas, se volvía loca.

Le cogió del pelo, mientras ella, movía sus caderas , contra su pelvis, no quería que parase, necesitaba que le diera eso y mucho más.

Tras unas embestidas más, la giró, para ver su cara desencajada de placer, le soltó las manos y ella se apoderó de su torso, clavando sus ansias en su piel.

Verlo, la volvía fuera de sí, esa mirada le gritaba todo lo que ella quería, notaba como el ritmo aumentaba, hasta que un estallido dentro de ella, le inundó, haciendo que deslizara por sus muslos, ese néctar de la pasión, que le había dado.

Quedando exhaustos, abrazados.

- Cada vez, eres mucho mejor, le dijo él.

Y con un cálido beso, quedaron dormidos.

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