Aprovechando la mudanza
Tenía que ir ayudar a unos amigos con su mudanza, nos reunimos en casa de Steven.
Me esperaban él y Aimé, había otro chico que lo había en alguna fiesta.
- Samanta, él es Leo, también nos ayudará
- Perfecto, manos a las obras, dije
Al entrar nos dijo
- Todo está en cajas, solo es de ir bajándolas, ustedes vayan a la parte de arriba y nosotros haremos lo de esta planta.
- OK, respondido
- ¿No has podido escapar?, pregunté
- Realmente no tenía nada de planes y ¿tú?
- Igual, supongo
Comenzamos a bajar cajas de cada una de las habitaciones, en cada uno nos reíamos y disfrutábamos con bromas.
En la última habitación, ya solo faltaban un par de cajas, subí a una escalera para ver dentro del armario si había algo.
En el último escalón, tropecé, Leo me cogió por la cintura, pero caímos ambos al suelo, tirando una caja con libros.
- Mira la que hemos montado
- Gracias por amortiguar mi caída
Seguíamos abrazados en el suelo, cuando reaccionamos, nos incorporamos, nos vimos fijamente y nos besamos.
Sentí como una electricidad recorría mi espalda, sin pensarlo retiré mi camiseta, dejando mis pechos al aire para que él pudiera disfrutarlos.
No tardó en poner sus manos sobre ellos, lo hacía salvajemente y eso me ponía más ardiente.
Me quitó los pantalones, lamiendo mi sexo que lo esperaba ansioso. Yo le acaricia los cabellos. Se sacó su falo y lo metió con tanta fuerza que me hizo gemir, eso lo volvió más salvaje, metía y sacaba, yo me entregaba al placer que me estaba dando.
Que gusto era sentir, ese parte de él tan dentro de mi, yo apretaba mis músculos, para que notara más presión.
La sacó y me la puso en la boca, yo obediente se la chupaba, subiendo y bajando mi lengua, por todo, me entretenía a veces por su puntita, que lo hacía gemir.
Cogió mi cabeza para dar un ritmo más rápido, que lo hizo venirse en mi boca, tragando todos sus fluidos calientes rebosando mi boca.
Me besó y lamió mis pezones, mientras acariciaba mis nalgas.
Nos limpiamos un poco y terminamos de bajar las cajas.
Nuestros amigas no se habían percatado de nuestra ausencia.
Esa noche nos quedaríamos con ellos, en su nueva casa, eso prometía un segundo asalto, estrenando su casa.
Comentarios
Publicar un comentario