Sin nombres

Salió con pasos decididos hacia ese lugar que meses atrás le había dado buenos momentos.

Estaba harta del "que dirán", de críticas vacías, sin saber que era estar en su piel.

Se dirigió a la barra, no sin antes robar miradas a su paso, se sentó en el mismo lugar de meses atrás, parecía que nada había cambiado, casi los mismos rostros.

La música sonaba, suave, con su copa en la mano, miraba a su alrededor, posibles candidatos a bailar, pero ninguno le convencía o estaba con alguien.

Comenzó "su música", dejando todo en la banqueta, comenzó a bailar, libre como siempre lo hacía, cerrando sus ojos, sintiendo esa música que la embriagaba más que su Gin tonics Puerto de Indias, así una tras otra, se movía con sus zapatos de tacón de aguja, como zapatillas de ir por casa, sentía que se deslizaba sobre el suelo, moviendo su cadera sensualmente, como los ritmos le incitaban.

No sé dió ni cuenta del tiempo ni que el lugar se había llenado un poco más, cuando salió de su éxtasis, por una canción que no le gustaba, regresó a su banqueta, cogió su copa.

A su espalda una voz, casi le susurra:

- Bailas muy bien, tanto que quise acercarme, pero no bailo tan bien.

Se giró, no era el prototipo de su hombre, pero tenía "algo", que le gustó.

- Muchas gracias, aunque yo creo que no puedo bailar, solo me dejo llevar por la música.

- Si, parecías casi en trance, al bailar.

Ella sonrió.

- Eso es bueno, te he hecho sonreír.

- Claro que es bueno, de lo contrario no hubiese articulado ninguna palabra, solo gestualizado. 

Un cambio de nuevo en la música, ella se levantó, dejó su copa y se dirigió hacia la pista, se volvió le extendió la mano, diciéndole: ven.

Él le cogió la mano y juntos a la pista, quería seguirle el ritmo , pero era muy difícil.

Ella lo miraba, sonriendo y coqueteándole, su cabeza ya revolucionada, pensaba muchas otras cosas y se olvidaba de donde estaba.

Una tras otra sin darle tregua, se le acercaba, movía sus caderas a escasos centímetros de su pelvis, le seducía y volvía a sonreír.

Con el cambio de ritmo, se detuvo y ella se dirigía por su gin tonics y él la retuvo:

- Ahora me toca a mí.

- Yo , eso no lo bailo.

- Vamos, me lo debes, luego de dejarme en ridículo al bailar contigo de esas formas.

- Ok, dijo sonriendo, pero si te piso, advertido estás.

La tomó por la cintura, la acercó a él, dejando notar como su pequeño paquete, ya no era tan pequeño, eso hizo un click dentro de ella, se pegó instintivamente a él.

Se dejaba llevar, su cabeza en su hombro, aspirando ese perfume, que la seducía.

- No bailas mal, ves. Es fácil guiarte.

- En todo sentido, respondió, guiñando un ojo.

 Su mano acariciaba su espalda y de vez en cuando, como tanteando hasta donde, un dedo descuidado rozaba su trasero. Eso hacía que ella, se rozara en su pelvis.

Cruzó sus brazos sobre el cuello de él, se miraban con deseo, no hacían falta palabras. Esos ojos intensos, verdes que la desnudaban, hacía que todo fuera más fácil. 

Apresó sus labios con los suyos, dejando que sus manos exploraran su espalda y más allá, sintió como sus mejillas se ruborizaban por el deseo de un poco más, sentir ese torso duro, brazos fuertes y el embriagador olor de su perfume, hizo el resto.

El ritmo volvió a cambiar, pero ellos seguían comiéndose a besos. 

Se acercó uno de los amigos de él, a decirle que se iban ellos, que estarían en el otro garito, por si quería acercarse luego, dijo con una sonrisa pícara.

Salieron de la mano, en busca de un sitio que a oscuras les permitiera un "poco más".

Lo encontraron, la cogió entre sus fuertes brazos, la elevó, mientras sus labios seguían pegados y los suspiros se ahogaban en ellos. Estaba tan húmeda, que penetrarla no fue difícil, ambos moviéndose perfectamente coordinados, sus sombras reflejadas en el suelo y la lujuria flotando en el aire.

Ella le pedía más, la puso de cara a la pared, para colarse por detrás, extasiados, sus pechos bamboleando con el meneo, en sus glúteos el choque cada vez más fuerte de su pelvis. Le temblaba todo, pero quería más.

Él se arrodilló, para perderse entre sus muslo, esa lengua que antes jugaba con sus labios, se apoderó de los otros y se movía con la misma majestuosidad que con los de arriba, ella le cogió por los cabellos, terminó varias en su boca, no quería que se apartara de ellos, hacía mucho tiempo que no le habían practicado con tal perfección ese tipo de sexo.

Se levantó, sus ojos intensos, brillaban con mayor chispa, la besó salvajemente, apretó sus pechos con fuerza, girándola y desde atrás volvió a penetrarla, jadeando en su cuello, mientras apretaba y le seguía dando tanto placer.

Un gemido, ahogado entre sus cabellos, le hizo saber que había terminado.

Volvió a girarla y siguió besándola, acariciando todo su cuerpo. Entre sus muslos, comenzó a correr ese néctar que la había saciado.

Cuando comenzaba a recuperar el aliento, él bajó de nuevo entre sus piernas, comiéndoselo aún mejor, ella ya de espalda sobre el capó de un coche, se deshacía entre el placer que este hombre le estaba dando.

Se corrió unas tantas veces más, hasta que se detuvo y se tumbó sobre ella, para besarla dulcemente y decirle al oído.

- Gracias por este sexo, tan genial que me has brindado. Tenías razón, es fácil guiarte en todo.

- Por el contrario, gracias a ti, has dejado el listón muy alto.

Mientras se ponían en orden la ropa, seguían besándose, caminaron hasta las calles principales cogidos de la mano.

- Me quedo aquí, cogeré un taxi. Tú, ve con tus amigos que te estarán esperando, para los detalles escabrosos de esta noche.

- ¿No me dirás tú nombre?

- La próxima vez, que nos encontremos.

- ¿Habrá una próxima?

- Nunca se sabe, dijo dedicándole una última sonrisa, antes de subir al taxi.

 

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