Tras la túnica

Suena el timbre, frente a él, ella. Vestía una túnica negra, con tacones de aguja a juego, se abrió paso y caminó directamente hacia la habitación.

Atónito le miraba, ella desde el umbral de la puerta se giró y le llamó seductoramente con un dedo.

Hipnotizado, sus pasos a su encuentro.

Le tumbó, mientras dejaba caer ante él, lo único que cubría su cuerpo, esa túnica de seda negra.

Ascedendía por sus piernas , con sus manos, mientras él se dejaba hacer.

Ya en su torso esculpido y donde siempre se sentía protegida, desabrochó su camisa, besándolo, él dibujaba su espalda y daba pequeños azotes en su respingon trasero.

Su boca fué bajando, haciendo que su respiración aumentara, tras liberarlo de esos jeans, su boca con intenso deseo, descubrió lo que siempre le proporcionaba tanto placer.

La hizo presa de sí, jugando con toda ella, él se perdía en jadeos y respiración agitada.

Confiada de tenerlo en el punto que quería, cabalgó,  sus pechos rebotaban al compás de cada embiste, hasta que él los atrapó entre sus manos, jugando con sus pezones que erectos, le daban más placer.

Su espalda arqueada, el corazón latiendo salvajamente, deseando que ese momento no terminara.

Noto como sus manos apretaron sus glúteos, atrayéndola hacia su pelvis, cuando un estallido profundo llenó todo sus sentidos, sus gemidos se ahogaron en el torso que tanto le daba.

Él, acariciendo su espalda ...

- Siempre eres perfecta, dijo. 

- Es todo lo que sacas de mí, eres mi complemento ... te quiero.

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