Almas cómplices
A oscuras sus cuerpos se fundían en besos y caricias, ella enredaba sus muslos entre los de él, mientras que sus manos acariciaban su torso.
Poco a poco, desabrochaba su camisa para colar su lengua, que juguetona dibujaba corazones en su pecho.
Él reposó su cabeza hacia atrás, mientras ella le reorría, notando como su corazón latía más rápido.
Se apoderó de su lóbulo izquierdo succionandolo y mordisqueandolo, él deslizaba sus manos por su espalda y a veces se colaba dentro de su falda.
De rodillas, desabrochó su pantalón, no sin antes que su lengua le indicara el camino que seguiría, un suspiro profundo se escapó.
Habilidosamente bajó sus pantalones, mientras por ella esperaba ese mástil que se introdujo en su boca para saborearlo lentamente.
Estaba cada vez más caliente y le pedía que la dejara sentirla muy dentro de ella.
- No amor, hoy te toca disfrutar a tí, dijo ella con voz sensual.
Siguió succionandole, él atrapó sus cabellos entre sus manos y puso el ritmo, para que ella degustara ese parte de él hasta su raíz.
Jugaba con su lengua haciendo pequeños circulos, que le cortaban la respiración y cuando notó que sus manos apretaban sus cabellos acarició su pecho, sin dejar que saliera de su boca ese falo que tanto placer le proporcionaba.
Un gemido intenso y una explosión dentro de su boca, contracciones que sacaron hasta la última gota de su lujuría.
Se quedó frente a él, con una sonrisa limpiando los restos de su boca y mirando esa cara que le fascinaba.
La atrajo hacia a él, dándole un beso y susurrando
- Me matas de placer.
La acomodó en su pecho y la continúo besando.
Ufff... Un día, me mandas al otro barrio. Intenso, sensual, delicioso... pero peligroso a ciertas edades
ResponderEliminarMe alegro que lo disfrutaras.
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