Nuestro encuentro
Mi imaginación, recrea:
Te veo sentado leyendo el periódico, me llamas la atención, y tras pensarlo mucho, paso a tu lado y te dejo una nota:
- "Habitación 209, sube".
Miras de pies a cabeza y viendo como se dilatan tus pupilas, intuyo que no rechazas mi proposición.
Unos escasos minutos, tocan a la puerta, eres tú, te recibo aún con el abrigo.
- Pasa y siéntate.
Hay una tenue luz, que hace más excitante el momento.
- Te he puesto la silla, en medio de la habitación.
Yo, frente a ti de pie, tus ojos se clavan en mi, dejo caer mi abrigo.
Estoy vestida con un corsé, liguero y un escaso hilo dental, un conjunto negro al igual que mis zapatos de tacón.
Camino hacia ti, rozo con un dedo tu espada, mientras mordisqueo tu lóbulo de la oreja izquierda.
Te rodeo y abro mis piernas, sentándome frente a ti, me muevo suave tus ojos están clavados en mi pecho, intentas besarme, me hecho hacia atrás, pero atraigo tu cabeza en medio de mis pechos y la dejo unos segundos, mientras tu lengua roza lo que esta al descubierto.
Me pongo en pie, cuando siento que en tu pantalón algo esta reaccionando, con ganas de salir. De espaldas a ti me hago hacia atrás, dándote pequeñas cachetadas con mis glúteos, tu lengua intenta colarse entre mi hilo dental, dando pequeños lametones.
Me encanta estimularte y seducirte.
No aguantas mucho y te levantas de un golpe, que casi me haces caer, me atraes hacia ti, cogiéndome de la cintura y rozándome, se nota tu excitación, atraes mi pelvis contra la tuya, con mucha fuerza, me encanta.
Apoyo mi cabeza en tu hombro derecho, mientras el lado izquierdo de mi cuello se entrega a tu lengua, mientras tus manos se esfuerzan en abrir mi corsé, para tener a su merced mis pechos que quieren salir.
Tras dejar caer mi corsé, me tumbas en la cama, abres mis piernas y tu lengua se apodera de mi sexo, haciéndome retorcerme de placer, te aprieto contra él, para no dejarte escapar.
Te tomas tu tiempo, te deleitas conmigo y como me tienes a tus pies, haciéndome a tu antojo, todo lo que tu piel te grita hacer.
Tus manos suben y bajan por mi torso dibujándome y de vez en cuando estimulando mis pezones, si cabe, un poco más.
Mis gemidos se incrementan, he perdido la cuenta de hacerme tocar el cielo, pero esta vez te detienes y me dejas al límite.
Siento tu jadeo, que va en aumento, lo noto en la presión y la avidez con la que comes, te pones en pie, hace mucho que estas dispuesto, pero te has detenido para tenerme rendida a tu placer.
No puedes esperar más, me tomas de los muslos y con fuerzas tiras hacia ti , ahí donde tu falo erecto me espera y entra en mí con tan facilidad, tu pelvis golpea contra la mía, con movimientos bruscos pero placenteros, cambias de ritmo cada vez que vez mi mirada perdida, para volver a ponerme a mil.
Estoy tan húmeda, que no hace falta lubricar mi parte trasera, para meterla ahí también, que en la postura que me tienes se te antoja ... y mucho.
Esa presión me invade, me enloquece y convulsiona mi cuerpo, quiere volverse uno solo contigo.
Tu mirada perdida es el preámbulo a un gemido unido al mío, donde estallas y noto como algo caliente me inunda, caes sobre mí, mientras besas mi cuello, tras unos minutos, en mis muslos se desliza la prueba del placer obtenido.

la seducción, es la salsa de todos los platos aderezados de erotismo
ResponderEliminarEs una parte del todo.
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