Placer en el desayuno
Terminaban de desayunar, sus manos acariciaban su brazo, la transportó a ese tiempo donde le conoció, su piel respondió al mínimo tacto haciendo que un cosquilleo acompañara ese recuerdo, como la primera vez.
Cerró sus ojos y se entregó a esos recuerdos que su piel nunca dejará escapar, un suspiro profundo inundó la habitación.
Corrió a sus labios para deleitarse con ellos, mientras sus manos se deslizaban por su torso, desabotonando su camisa mientras susurraba:
- Déjame ser mala ... un poquito nada más... solo la puntita.
- Yo a tí, te dejo que me hagas lo que quieras.
Le cogió de la mano y mientras él se delitaba con su trasero, lo metió a la habitación.
Tumbándole, le ayudó a desnudarse, mientras ella reptaba por su cuerpo lamiéndolo y sorbiendo ese aroma que le embriagaba.
Beso con ternura cada parte de él, bajando despacio por su abdomen hasta encontrarse con el objeto de su deseo, que le esperaba presto y decidido, lo tomó con delicadeza entre sus labios, hasta meterlo muy dentro de su garganta.
Aprovechaba para tocar ese torso que siempre le recordaba una fuerte armadura que le protegía de sus miedos.
En su boca cada vez había menos espacio, ella jugueteaba con su lengua en ese mástil que tenía solo para ella.
No dejaba de estimularlo, era un placer tenerlo en su boca mientras le acariciaba.
Su cuerpo comenzó a seguir sus movimientos, le cogía los cabellos y hacía que su boca tragara todo.
Sus pezones erectos rozaban su entrepierna y un gemido se escuchó en la habitación,de la boca de ella el néctar del placer y el deseo, escurría por su comisura, ella le miraba con una sonrisa de satisfacción mientras él recobraba la cordura.
Ufff...las que juegan a ser malas, son las mejores
ResponderEliminarParece ser que si...
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