¿Te invito a un café?

Los días transcurrían un poco solitarios, días grises que la ponían nostálgica y la invitaban a salir a recorrer sin rumbo las calles casi vacías por las escasas gotas que caían.

A medida que su rostro era golpeado sutilmente por las gotas, su mente volaba hacia recuerdos que le calentaban el alma hasta hacerla estremecer, robándole sonrisas.

Ensimismada caminaba, cuando de pronto un golpe seco contra algo la hizo reaccionar al caer al suelo.

Al levantar su mirada, con desconcierto vió esos ojos verdes que meses atrás le provocaban. Él extendió su mano para ayudarle.

- Disculpa, no te vi al salir.

- No te preocupes, solo mi orgullo un poco lastimado y mis ropas húmedas ... Carlos.

- ¿Sabes mi nombre?

- No, lo olvidaría ... dijo con mirada coqueta.

- ¿Nos conocemos?

- Uff eso duele!, no te acuerdas de mi, no nos conocemos exactamente. Hemos coincidido... y si no tienes prisa, te invito a un café... le dijo guiñando un ojo.

- Umm ... prisa ...

- Vamos, es lo menos que me debes por tirarme al suelo.

- Ok, donde vamos

- Te parece bien mi casa, estamos a  5 minutos, así me cambio de ropa, que estoy empezando a sentirme húmeda dijo con un tono sensual.

- Me parece bien, aunque en sus ojos habían dudas.

Caminaron en silencio, fueron unos minutos casi eternos. Al llegar, le invitó a pasar.

- Ponte cómodo, me cambio y preparo el café.

- Ok ... Me gusta tu casa, 

- Gracias, respondía ella desde la habitación, recién me he pasado a vivir aquí.

Salió de la habitación, con una minifalda y un top ambos negros.

 - ¿Entiendo, que vives sola? 

- Si, por??? dijo trás su espalda

- Él se giró y la vió de arriba abajo, sus ojos se abrieron y con voz entrecortada, por nada, curiosidad.

- Preparo el café y estoy contigo

- ¿Quiéres que te ayude?

- Me parece bien. Ya en su interior sus hormonas comenzaban a revolucionarse.

La cocina , como ves es un poco reducida, pero nos moveremos bien si nos coordinamos, dijo riendo.

Le indicó donde estaba el café, mientras ella sobre la estantería estiraba sus brazo, para coger la cafetera, haciendo que su falda subiera un par de centímetros más, justo en el momento que él se giraba.

Sintió como su mirada se clavaba en ella.

¿Te ayudo? casi susurró

Ella se giró, quedando sus cuerpo a escasos centímetros, no te preocupes ya está, pero si quieres puedes ayudarme con algo que tengo en mente, le susurró al oído.

Le quitó de las manos la cafetera, mientras su pelvis se pegaba a la de ella. Creo que el café lo dejaremos para otro día, sus manos la rodearon y comenzó a besarla.

Ella se dejaba llevar, con sus besos en el cuello, mientras que su sexo latía con ganas de tenerlo dentro.

Sus dedos se colaban entre sus muslos, pues no había nada que les detuviera en su camino.

Umm, dijo él, me gusta que no lleves nada, dijo mordiendo su lóbulo de la oreja.

No sabía el momento, pero sabía que de casa no te ibas sin tenerte muy dentro de mí, llevo esperando realizar mis fantasías contigo, hace mucho.

¿Eres la chica del gimnasio? casi asevero, mientras seguía recorriendo sus recovecos y sus dedos se colaban mucho más.

¿O sea, te acuerdas de mí? dijo ella entre gemidos.

Al principio no te había conocido, pero al ver tu mirada, recordé esos días, por eso acepté tu invitación.

Y yo por eso te invité, necesito que me cumplas mis fantasías.

La levantó llevándola hasta la habitación, fué subiendo por sus piernas, deleitándose con sus pechos, que luchaban por salir.

Cada roce de sus labios le hacían entremerse, arqueando su espalda.

Subió desnudándola, lamiendo su cuello, mordiendo sus labios, apretándola contra sí.

Llegó su turno, ese torso desnudo, perfecto como ella lo había imaginado, donde sus manos se clavaron al igual sus uñas.

Su boca se perdió entre sus muslos, ella volaba al ritmo del deseo liberado, quería más y entre gemidos se lo hacía saber.

La puso boca abajo, recorriendo su espalda, mientras levantaba su cadera, sus besos en la cadera antes de penetrarla con fuerza, tirando y empujando muy dentro de ella.

Eran instintos desbocados sin importar nada más.

Extasiados, terminaron abrazados, mientras ella le susurraba:

"Eres mejor que en mis fantasías".

 

 


Comentarios

  1. Uffff, aunque tengo la sensación de haberte leído en otra lectura parecida, producirá en los lectores ese ansia tensa por saber que va a ocurrir tras el segundo siguiente y esa aceleración arterial que cualquiera quisiera hacer propia en exclusiva... Quien hace algo así con palabras, posee una bomba sutil y deliciosa en su cuerpo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro, lo estaba viviendo miemtras lo escribía, por eso cambié a mitad del relato, mis hormonas escribieron el resto.

      Eliminar
    2. Si yo he podido percibir lo que has sentido, incluyendo la revolución de tus hormonas, muchos de tus lectores habrán percibido algo similar. Es un privilegio, que tienen pocos.

      Eliminar
    3. A medida lo escribía, pensaba en lo que sentirían los que lo leen.

      Eliminar
    4. Pues ya ves... falto poco para que el corazón me saliera por la boca. Fue intenso, profundo y muy muy caliente. Quien se resista a algo así, esta muerto por dentro.

      Eliminar
  2. Por cierto, la fotografía es exquisita

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buscando, hace meses la enocntré y la guardé para cuando estuviese inspirada para escribir algo que pegara con ella.

      Eliminar
    2. La espera ha merecido la pena... Yo pensé que controlaba estas cosas, pero me ha demostrado que aún funcionan también mis hormonas y esto me hace feliz

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Noche de copas

Compenetrados

Mente rebelde