Te invito a jugar

Necesitaba una noche loca, de esas que te sonrojas al recordar todo lo que fuiste capaz de hacer y revives cada instante una y otra vez, estremeciéndote.

Busco en us agenda el candidato perfecto para esa noche, Set ojos intensos y labios sensuales, que sabía como volverla loca.

Le llamó con una excusa, tomaron algo recordando viejos tiempos, se hacia un poco tarde y le invitó a tomar la última copa en su casa.

- Entra, dijo ella.

- No sabía que te habías mudado.

- Si, no hace mucho, pasa y siéntate, me pongo algo cómodo.

Se dirigió a su habitación, dejando entre abierta la puerta, sabiendo que el reflejo del espejo dejaba a su invitado, un espectáculo completo de su desnudez.

Poco a poco se fue despojando de cada prenda, haciendo que se deslizaran por sus piernas, contó los segundos en su mente, hasta que él llegó hasta el umbral de su puerta.

- No me digas, que éste es el verdadero motivo de vernos hoy.

- Y si así fuera, ¿te molesta? dijo con su sonrisa picante.

Se acercó hacia ella y comenzó a besarla.

- Sabes, que solo tienes que pedirlo.

- Lo sé, por eso he pensado en tí, para invitarte a jugar conmigo.

- Que tienes en mente

- Probar cosas que he comprado, conjugándolas con otras.

- Me gusta... pero estoy en desventaja ... aún estoy vestido.

- Eso lo resolveremos pronto, dijo acercándose y buscando su boca.

Sus lenguas ensortijadas, liberaban las hormonas que les recorrían de arriba abajo, sus manos se escrutaban, dando rienda suelta a los deseos nacidos en la piel.

Le tumbó, puso en sus muñecas las esposas y luego cubrió sus ojos.

Su cuerpo se extremeció, cuando notó que en su pecho algo que producía calor se extendía, el olor a vainilla cubrió su piel, mientras las manos de ella, le recorrían, haciendo una pequeña presión, que le erizaba la piel.

Descubrió sus ojos y le liberó sus muñecas, para que pudiera recorrerla, con un giro, ella quedó bajo él, atrapada entre sus muslos y los papeles se invirtieron.

Su lengua se posó en cada poro, mordisqueando sus pezones que endurecidos parecían volcanes en erupción.

Le dejaba sin aliento, abrió sus muslos para internarse muy dentro,sentía como la humedad de ese músculo la envolvía y hacia convulsionar, casi sin aliento le pedía un poco más, necesitaba que la llevara al límite de sus pasiones.

La giró, cogió sus caderas elevándolas, para deleitarse con la redondez de sus glúteos, seguir explorando y humedeciendo, para comenzar a penetrarla con ese dildo cubierto de una funda con estrías que le arrancó un gemido.

Le besaba la espalda, mientras dos de sus dedos se colaban muy dentro de ella.

Moviendo sus caderas y diestramente su mano, se sintió doblemente penetraba sin piedad, gozando cada embiste que le daba.

Sus uñas se clavaban en las sábanas y le pedía más y más, jadeaban juntos y se dejaban llevar por lo que sus insitintos deseaban.

La giró, para dejarla de frente a él, continúaba con el dildo muy dentro de ella, el la penetraba por delante y sus dedos se metían en su boca.

Era una explosión de emociones que le llenaban y elevaban, volviéndola loca.

Los embistes fueron más intensos hasta que ambos al unísono, entre gemidos se dejaron llevar, mientras ella era cubierta de ese néctar que caliente resbalaba por sus muslos.




Comentarios

  1. Este escrito, deja al lector jadeante y lleno de una sana envidia... Es potente y su magnetismo lo atrae hasta morir sobre su vientre

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Noche de copas

Compenetrados

Mente rebelde