Rojo pasión

Aburrida en casa, decidió salir, se puso un conjunto que le hacia sentirse comerse el mundo, aunque su cuerpo no estaba con esos ánimos. Labios con un rojo pasión intenso, completaban su conjunto.

Caminando por las calles abarrotadas de gente, difícil se hacía avanzar, estaba a punto de dar la vuelta y regresar, pero sabía que si lo hacía se arrepentiría.

Logró escabullirse en una callejuela con menos movimiento y encontró un pequeño bar, sus pies comenzaban a pedir a gritos un pequeño descanso.

Entró, era pequeño, poca iluminación como es costumbre, una pareja sentada al fondo, un hombre mayor a la izquierda, tres jóvenes sentados a la derecha y en al barra otro chico.

Su entrada hizo que todos volvieran la mirada hacia ella, daba la impresión que en ese sitio todos se conocían y alguien distinto que entrara era sometido a riguroso escrutinio por delante y detrás, ¿o serían sus labios? 

Se sentó en la barra, pidió una cerveza, se perdió en sus pensamientos, en esos que la habían empujado a salir de su jaula de cristal.

Lentamente sorbía la cerveza, un ruido hizo que volviera su cabeza, dirigiendo su mirada en el chico que estaba en la barra, parecía que tropezó al bajar y se había tirado un poco de su copa en la camisa.

Esbozó una sonrisa y siguió enfrascada en sus pensamientos.

De pronto una voz cerca de su oído.

- ¿Te ha hecho gracia?

- Asustada, se giró rápidamente, era el chico de antes. Te veías muy gracioso queriendo limpiar y por el contrario extendías más.

- ¿No vienes por aquí frecuentemente? 

- No, hay mucha gente por las calles y decidí entrar por que los pies me estaban matando, dijo señalando sus zapatos.

- Cruz de las mujeres.

- Efectivamente.

- Puedo decirte algo, sin que te incomodes.

- Tú dirás.

- Tienes unos labios muy sensuales que le sientan de maravilla al resto de tu cuerpo.

- Se sonrojó ... eres muy amable.

- ¡Te sonrojas! hace mucho que no veo esa reacción en una mujer.

- ¿ Y eso por qué?

- Pues ahora, eso ya no es frecuente ... por cierto me llamo Iván.

- Mucho gusto Iván, yo soy Salomé , seguramente es por que soy edición limitada y última de esa especie.

- Te importa si te invito a otra.

- Umm , pensaba irme ya, pero bien, la acepto. Su perfume llegó haciendo que una electricidad recorriera su espalda, acelerando sus latidos.

Pasaron los minutos, enfrascados en una amena conversación, pero por la cabeza de Salomé, incesante el deseo de tenerlo mucho más cerca. Involuntariamente, jugaba con sus mechones que caían por sus hombros, guardando cada gesto de su rostro en su memoria.

De pronto, Iván le dice:

- ¿Estás coqueteando conmigo?

- Ella, sobresaltada, preguntó ¿Por qué crees eso?, volviéndose a ruborizar.

- Te vuelves a ruborizar, muchos gestos, tu mirada.

- No sabía que lo hacía, pero si fuera así ¿hay algún problema?

- No ninguno, es que si no lo haces tú, lo haría yo, tus labios me están tentando mucho.

- ¿En serio?

- Si supieras como me tienes, desde que entraste a todo mundo le llamaste la atención, pero no te has dado cuenta.

- Yo pensé que me veían "como una extraña, entrando a su territorio".

- Has sido como un rayo de luz, a lo que pasa por aquí siempre.

- No me vaciles.

- En serio, yo no he dejado de verte, y cuando te has vuelto, supe que tenía una sola oportunidad para poder hablar contigo.

- ¿Sólo hablar?

- ¿Qué tienes en mente?

- En mente, tengo varias cosas, dijo acercando sus labios, tanto que pudo notar como su respiración se aceleraba. Pero no será hoy.

Se levantó y se dirigió a la puerta.

Iván fue tras ella.

-  Te vas, dejándome así.

- No corras, te buscaré pronto, dijo como un susurro en su oído, rozó sus labios y se marchó.

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