Guerra de miradas
Se cansó de esperar una llamada que sabía no llegaría, así que tras la hora máxima, comenzó a prepararse para salir.
Vestido negro ajustado, botines a juego, labios rojos y muchas ganas de disfrutar de esa noche.
Tomó su bolso y dejó que sus pasos le llevaran a un garito cercano, se sentó en la barra y pidió un gin tonic.
La música invitaba a bailar, su cuerpo comenzó a moverse al son de ella, mientras degustaba su bebida.
Había mucha gente, pero sin agobios, se podía estar tranquila.
De pronto, frente a ella, había un chico ojos verdes, que le miraba intensamente, al principio creyó que era alguien que la hubiese confundido, pero cada vez que ella miraba en esa dirección, veía esos hermosos ojos verdes clavados en ella.
Pidió un segundo gin tonic,su cuerpo comenzó a relajarse un poco más y su mirada se volvió coqueta, tocando su cabello comenzó a verle, sin quitarle ojo de encima, se mordía su labio.
Era como una guerra de miradas a ver quien perdía, ella seguía moviéndose al son de la música, sin dejar de coquetearle descaradamente.
Hubo un momento que le perdió de vista, se decepcionó un poco pero siguió bailando, ya sin pensar.
Su copa iba quedando vacía, estaba a punto de pedir otro gin tonic, cuando tras ella escuchó:
- ¿ Puedo invitarte yo, a éste?
Ella se volvió y ahí estaba el chico de ojos verdes, extendiendo una copa.
- Muchas gracias ... no hacía falta.
- Lo sé, pero es la única forma que se me ocurrió para romper el hielo.
- ¿ Y por qué querías romperlo?
- ¿Hace falta que te lo diga, no he sido obvio?
- Puede, pero posiblemente me equivoque, si lo dices, lo sabré.
- Ok, quería oír tu voz y estar cerca, me has llamado la atención, conocerte en una palabra.
- No se yo si te conviene conocerme mucho, te asustaría de mis manías y demás.
- No lo pareces...
- Ese es el problema, dijo riendo.
- Ya preocuparé de ello, cuando suceda.
- Luego no digas que no te lo advertí, mientras ponía su mano sobre su rostro.
Ambos bebieron.
Ella sin previo aviso, le cogió del cuello de la camisa y le besó, su lengua comenzó a jugar por su cuello, mientras el resto de su cuerpo seguía sentado y moviéndose al ritmo de la música.
Él correspondió a su beso, rodeando con sus brazos su cintura, casi haciéndola caer.
Subieron de intensidad las caricias, los besos se convirtieron en pequeños mordiscos.
Habiendo terminado su tercer gin tonic, le susurró que la sacara de ahí, para que conociera otra parte de ella.
Salieron cogidos de la mano, las calles casi desiertas y oscuras, dibujaban sus sombras, no podía más, estaba desatada.
Se detuvo y lo empujó contra la pared, ella jadeaba, mientras sus manos dibujaban su entrepierna, que correspondía al tacto, se agachó, se la sacó y sin darle tiempo a nada, se la puso en la boca, succionandola suavemente, mientras él la cogía de su coleta y la empujaba con fuerza.
Crecía más y más, abarcaba todo su boca, ella bajó su mano y comenzó a introducirse los dedos en su vagina que muy lubricada les daban paso.
Estuvo un rato en esa postura, luego se levantó y él la cogió entre los brazos, la apoyó contra la pared y la penetró, ella abrió su blusa, para dejarle a su boca, algo para jugar, mientras extasiada se dejaba llevar.
Sus uñas se clavaban en su espalda, intensificando todo ese placer que se estaban dando.
Comenzó arquear más su espalda, cuando fue inundada por todo ese néctar que caliente se depositaba sin piedad dentro de ella.
Las piernas les temblaban y con gemidos ahogados en besos ardientes, fueron volviendo a la calma.
Arreglaron sus ropas, caminaron de la mano.
Llegó el momento de despedirse:
- ¿Cuándo vuelvo a verte?
- Muy pronto lo sabrás
- ¿Cómo?
- Ya lo descubrirás.
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