Atada a tu placeres
Era su primera cita, quería impresionarle, dejar que todo lo que habitualmente guarda, saliera a la luz, esa que pocos conocían.
Un vestido negro ajustado, dibujando sus curvas, zapatos a juego, una coleta con pequeños mechones que caían por su rostro.
Nerviosa salió, hacia el sitio indicado, ya esperaba por ella, sentado en la barra.
- Hola!, dijo tímidamente
- Él se giró, estás radiante, la atrajo hacia él y la besó.
Ella temblaba, por su espalda le recorría una electricidad.
Entre los besos, pocas palabras se cruzaban, las manos de él la recorrían de arriba abajo, mientras su pecho se aceleraba y su respiración se entrecortaba.
Fueron a cenar a un sitio cercano, donde sus manos se entrelazaban y sus ojos gritaban el deseo que reprimían desde semanas atrás.
El tiempo pasaba volando, tras la cena se dirigieron cogidos de la mano hacia donde pasarían la noche, besos furtivos al amparo de la luna.
Subieron, comiéndose a besos, que sabían a poco, su piel quería mucho más.
Entraron a la habitación, hechos uno solo, sus figuras se conjugaban al calor del frenesí desatado.
Besos en el cuello, desnudándose y sintiendo que cada caricia se volvía electricidad que les recorría haciéndolos estremecerse y querer más, descubrirse cada centímetro de los secretos guardados.
Su lengua se entretenía en sus pezones que duros, se entregaban a lo que le provocaba, mientras sus manos seguía dibujando su silueta.
Espasmos y gemidos no se hicieron esperar, bajó lentamente, para zambullirse en su sexo que húmedo se volvía más apetecible, aprisionó su clítoris, haciéndola dejar escapar un quejido, revolviéndose sobre su cara.
La escrutaba sin dejar ni un espacio sin sorber, mordisqueaba sus labios y con su lengua se abría paso, para introducirse, notando como se contraían sus paredes.
Se dejaba hacer, estaba como loca, jadeando y dejando que su cuerpo se abriera a ese intenso placer que le estaba dando.
Tuvo dos orgasmos, queriendo que se fundiera su lengua dentro de ella, arañando su espalda y contrayendo fuertemente sus muslos.
Él la miraba complacido, mientras le decía, que eso solo era el principio de lo que tenía pensaba hacerle.
La puso boca abajo, mientras recorría su espalda, sus manos se apoderaron de su trasero, que le volvía loco, unos pequeños azotes, hicieron que ella los elevara para dejarlos más cerca si cabía, de su cara, sintió como su lengua se los dibujaba y se adentraban entre ellos, lamiéndola, los gemidos volvieron a su garganta, mientras su espalda se volvía arquear.
La degustaba con tal lujuria, que enseguida, su sexo empezó de nuevo a palpitar e inflamarse, deseoso de sus fantasías.
Tras lubricarla y saborearla, la cogió de la melena mientras la penetraba, sin a penas resistencia, una descarga la recorrió y tras cada embiste sus pezones parecían estallar, era una mezcla de dolor y placer que la hacía delirar de tanto pasión.
Ella, cada vez se movía con mas fuerza, quería sentirlo muy dentro de ella, sus caderas se contraían y aumentaban la sensaciones por mil.
Otro par de orgasmos llegaron casi sin respiro, sentía como le latía dentro de ella.
Él se separó de ella, le dio la vuelta mientras se entretenía en su pecho, dándole un poco de respiro, su cara desencajada de deseo, hacía que él sonriera satisfecho de lo que le hacía, mientras le susurraba, que ese noche era para que ella disfrutara.
Sus besos y caricias bajaban por su pecho, sus piernas aún temblando, se desplegaron mientras notaba como ese perfecto miembro, duro, se introducía, sin piedad, empujando, con pequeños círculos que la subían al cielo, luego volvía a la carga con desesperación y cuando miraba su rostro, volvía a parar, era dejar que experimentara un nuevo orgasmo pero quitándoselo antes de que ocurriera.
Ella excitada, complacida y desenfrenada, se entregaba a los planes de placer que él tenía, quería que esas fantasías se cumplieran una a una.
La hizo volar, tener otros orgasmos más, saliendo gemidos y gritos que se mezclaban en el silencio de la noche, mientras su cuerpo seguía estremecido.
La contemplaba extasiado, mientras ella se ruborizaba con todo lo que había sentido.
Acariciándola le dijo, me tienes tan caliente, viéndote gozar tanto, que espero aún te queden fuerzas para ayudarme a mi.
Ella con una sonrisa pícara, se dejo guiar, hasta que tuvo entre sus manos y labios ese miembro que tanto le había dado.
Poco a poco lo introdujo en su boca, ahora era él quien se entregaba a los sentidos, con pausa, succionaba con delicadeza, mientras sus manos se dirigían a su torso, acariciándole, sin prisas, escuchando los gemidos que salían de su garganta.
A veces, la sacaba para jugar con su puntita, haciendo pequeños círculos y recorrerla de arriba abajo, para volverla a introducir y succionarla, la estremecía ese tacto de su piel con su lengua, notarla tan dura, hacía que su sexo se estimulara de nuevo, entregada a ella la saboreó con delicadeza, hasta que sintió como una de sus manos le aprisionaba la coleta y contra su pelvis la retenía, un grito de éxtasis inundo la habitación, mientras que su boca se llenaba de ese elixir de pasión.
Un beso, que supo a promesa, abrazados y exhaustos, los encontró el amanecer.

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