Escapada al deseo

Decidió buscarlo, no sabía mucho de él, pero se aventuró a coger un tren y viajar, sin tener claro como se lo tomaría, pues hace unos días que no hablaban.

Durante el viaje no dejaba de pesar, en que decirle, dónde buscarlo, y si al final se atrevería a estar frente a él.

Llegó y se dirigió a su hotel, no era muy tarde, dejó las maletas, tomó un baño y tras pensarlo mucho más, cogió un vestido negro largo, se calzó los tacones y nerviosa salió a la calle, sus pasos le llevaron frente a otro hotel decidió entrar, su corazón se aceleraba, pidió una mesa y tras comer, se fue a la barra a tomar algo.

Comenzó a recordar los momentos que habían pasado y se estremecía , le recorría una electricidad de arriba abajo por la espalda, se mordía la boca y eso hacía que su respiración se entrecortara.

Con la segunda copa, decidió llamarle por teléfono, esperaba que estuviera desocupado y pudiera atender la llamada.

Sonó en tres ocasiones, estaba a punto de colgar, cuando:

- Hola, que tal!

- ¿Cómo estás? ¿Estás desocupado, puedes hablar?

- Si, termino de salir de una reunión y tengo la tarde libre.

- No sabes, lo que me alegra eso

- ¿Y eso por qué?

- Estoy aquí, quiero verte.

- ¿Cómo aquí?

- Si, me he venido a buscarte, un impulso que he tenido.

- Me lo dices en serio

- Y tan en serio, que estoy en la barra de un hotel tomando mi segunda copa y por ello te llamo, no sabía si hacerlo o no.

- No lo puedo creer.

- Créelo y estoy comenzando a sentirme un poco tonta, pues parece que no ha sido tan buena idea.

- No, no es eso, me has dejado sin palabras, no se que decir.

- Que tal si me dices que vienes por mí.

- Dame unos minutos, dónde te recojo

- Buscame frente al mar.

- Pero si el Paseo es grande.

- Ya te digo yo, que me encontrarás fácilmente.

- Bueno, en unos minutos estoy por ahí.

- Te espero.

Cogió su bolso y se dirigió hacia el sitio indicado,  sus pasos eran lentos y la llevaron a poco minutos, frente la brisa que movía su cabello y le rozaba la cara.

Desde que ella llegó, no habían pasado más que un par de minutos, cuando notó en su cintura unas manos que le cogieron por detrás.

Sobresaltada, se volvió, era él.

- Hola! otra vez

- Que tal estás?

- No tan bien como tú!

- No seas malo, no se que cara tendré.

- Guapa, como siempre. ¿Y ese milagro?, se acercó y le dio un beso en la mejilla, mientras sus labios se rozaron sutilmente.

- Ella se ruborizó, como te dije, un impulso y sin pensarlo lo hice, no sabía el resultado, pero quería intentarlo.

-  Pues me alegro que lo hayas hecho, ¿que quieres hacer?.

- ¿Te parece bien si vamos a tu casa?

- Perfecto, vamos tengo el coche por aquí.

En el trayecto a casa  hablaron del trabajo y poco más.

- Hemos llegado

- Que cerca está

- Si, es una ventaja. Anda pasa, ponte cómoda, quieres algo

- ¿Tú tomarás algo?

- Un vino,¿ está bien?

- Perfecto.

Se sentó en el sillón, mientras él preparaba las copas, no dejaba de mirarlo, su corazón acelerado y muy nerviosa.

- No pensé tenerte aquí, nunca.

- Soy una cajita de sorpresas, dijo guiñando un ojo. .. Te has ruborizado.

- Ya sabes que si, sobre todo si me miras así.

- ¿Cómo? ¿Yo? imposible, sabes que soy muy buena.

- Ese es el  problema.

- ¿Es un problema?

- Bueno.... ya me entiendes...

- No, no te sigo.

- Con esa carita que tienes, sabes muy bien de lo que hablo, dijo acariciando su mejilla y dando un sorbo a la copa.

Ella sonreía mordiéndose los labios y cruzando sus piernas, él clavaba su mirada y también se mordía los labios.

Preguntó si podía poner música, para esos silencios que gritaban mucho, si, ahí lo tienes pon lo que quieras.

Buscó y encontró una de sus preferidas, instantáneamente sus caderas se dejaron llevar por el ritmo, olvidando donde estaba, él seguía cada uno de sus movimientos, devorándola con la mirada, mientras su copa se vaciaba.

Ella dio el último sorbo y caminando hacia él, intentó que bailara con ella, pero se negaba, decía querer verla nada más.

- ¿Cómo me quieres ver?

- Tú sabes como

Retrocedió y al ritmo de la música, comenzó a bajar la cremallera de su vestido, dejándolo caer, quedándose en lencería.

Los ojos de él se perdían en sus curvas.

Ella se inclinó, dejando sus glúteos muy cerca de él,  bajó su braguita, que recogió con la boca, mientras quitaba su sujetador y se lo tiraba.

Se giró, contoneando sus caderas para dirigirse y sentarse de piernas abiertas sobre él, aún con las bragas en la boca, sus manos se apoderaron de su cuerpo, lo acariciaba y la hacía estremecerse, eso le estimulaba mucho más.

Le besó, dejándole su braga en su boca, mientras se contoneaba sobre su pelvis.

Tras un rato de olerlas, las dejó aún lado y comenzó a besarla, mordiendo su boca y sus manos apretaban sus nalgas con fuerza, sus manos la dibujaban.

La tumbó y metió sus pechos en su boca, haciéndola soltar un gemido, curvando su espalda, sus manos se deslizaban por sus muslos, ella en éxtasis.

Su lengua comenzó a bajar por su abdomen, poco a poco hasta su sexo, que húmedo la esperaba con ansias, abrió sus muslos y suavemente chupaba y sorbía su clítoris, haciéndola soltar pequeños quejidos de placer, se revolvía con cada roce, apretaba su cabeza contra ella. Tuvo su primer orgasmo de esa manera, intenso y con ganas de más.

Él se puso de pie y comenzó a quitarse la camisa, mientras ella bajaba su bragueta y sacaba su falo, acariciándolo y luego lo metió en su boca, disfrutándolo de a poquito, notando como crecía cada vez más.

La puso contra el sofá, lamiendo de atrás adelante, ella seguía revolviéndose del placer que le proporcionaban los lametones.

Sin control la penetró por delante moviendo sus caderas, azotando sus nalgas firmes, ella metía un dedo por detrás, quería sentir por los dos lados al mismo tiempo. Tras un rato, él mojó su culito para disfrutarlo también, una presión la inundó, pero empujaba con mas ganas, la quería toda, notaba como sus testes golpeaban su trasero y la volvía loca.

Estaba desquiciada de placer, su cuerpo ardía en deseos, por cumplir las fantasías de días atrás, comenzó a intercambiar los agujeros, por delante y detrás, no podía dejar de empujar con fuerza contra ella.

Sus manos en sus pechos, su espalda  curvada y la lujuria recorriendo sus venas, eran el cóctel ideal para una noche de desenfreno.

Estaba a punto de terminar, ella gemía desesperada, sacó su pene y descargó su leche sobre sus pechos y abdomen, mientras ella embadurnaba sus pechos con él.

Se puso de rodillas y lamió las últimas gotas que escurrían por el pene. Él la miraba extasiado.

Se tumbaron exhaustos y pensando en la siguiente vez.

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